El ambiente macroeconómico. El seguro de pérdidas consecuenciales


Revista Siniestro – Responsabilidad Civil y Hogar, Pág. 16, Carlos Zamudio Sosa.-

Seguramente, como intermediarios y consumidores de seguros, tenemos el interés de modelar las posibles consecuencias de un siniestro antes de su ocurrencia, sobre todo para entender los alcances de los productos que habitualmente suscribimos. Sin embargo, los escenarios como la falta temporal de combustible o el deslizamiento de la moneda pueden ser muy complejos y difíciles de visualizar por completo.

Aunque los agentes de seguros no somos videntes y no debemos tomar decisiones en nombre del asegurado, la responsabilidad del asesor consiste en instruirlo sobre cómo establecer los valores asegurables. De aquí la utilidad de modelar no sólo las condiciones internas y externas habituales, que constituyen causas potenciales de posibles pérdidas de tipo financiero en caso de siniestro, sino también otras causales atípicas que quizá se vuelvan habituales y que provocan incertidumbre.

Pensemos en un ejemplo de fácil visualización. Si nuestro auto colisiona, las consecuencias irían, con toda seguridad, más allá del daño físico. Algunas de ellas se trasladarían al asegurador y otras no, como los gastos por arrastre de la unidad, resguardo e ésta en el corralón y arrendamiento de un vehículo sustituto o uso de taxis durante un tiempo indeterminado a fin de tener la misma utilidad que el auto siniestrado nos brindaba. Por tanto, para el seguro privado, algunos gastos son extraordinarios, de acuerdo con las definiciones que se plantean en las pólizas, y otros impactan en la utilidad financiera que se espera por el uso del objeto amparado.

Con respecto a otros productos de seguros, donde se traslada el alcance financiero por siniestro, como el seguro de ganancias brutas no devengadas, fijar la suma asegurada es más complejo y más difícil todavía es calcular la pérdida indemnizable en caso de que acontezca el siniestro.

Por ejemplo, ante un incendio grave en un negocio industrial, las consecuencias por la falta de uso de los activos fijos y la pérdida de los capitales de trabajo, inventarios, suponen una afectación que reduce los ingresos esperados a la vez que subsisten los gastos fijos. Estas condiciones juntas podrían quebrar a la empresa de manera casi inmediata si no se realizan acciones —como solicitar líneas de crédito extraordinarias, mudar con inmediatez las operaciones a una instalación diferente o contratar quien maquile los productos— que ayuden a paliar las consecuencias del evento dañoso, a pesar de los sobrecostos que generen. En otros casos, la pérdida momentánea del mercado que se abastece, aun por tiempos muy reducidos, produce otras mermas que no son indemnizables por encontrarse expresamente excluidas en los seguros de pérdidas consecuenciales.

En el caso de los seguros de ganancias brutas, el ajuste de la pérdida indemnizable requiere hacer un contraste financiero entre la experiencia contable anterior a la fecha del siniestro y la que probablemente se hubiera obtenido de no acontecer el evento dañoso, y descontar los gastos que no continúan precisamente por la actualización del
siniestro (las variables). Esta superposición de análisis financiero se basa en comparar los resultados históricos de periodos de tiempo iguales con el lapso estrictamente sufrido de paralización y, claro, con el límite temporal asegurado.

Resulta lógica y necesaria esta forma de proceder sobre todo cuando el negocio asegurado tiene marcadas estacionalidades. Por ejemplo, en el caso de un fabricante de plásticos con un mercado especializado en juguetes, es de sentido común presumir que hay fechas muy concretas en las cuales los gastos variables de producción son mayores a los del resto del año, pero, además, es vital entender que los ingresos, el crédito negociado y las ganancias también dependen de dichas temporadas.

Así pues, el agente de seguros debe estar muy atento no sólo a la naturaleza operativa del cliente sino también a los cambios macroeconómicos que puedan afectar el giro de éste, para que, en caso necesario, se sugiera al asegurado las variaciones pertinentes en la suma asegurada de pérdidas consecuenciales.

Los efectos de la falta de combustible, que ha afectado a amplias zonas del país, han sido estimados por varias entidades financieras, pero es conveniente hacer una reflexión acerca de cómo este evento extraordinario se asocia, de forma individual, al seguro de consecuencias.

Es evidente que no se consiguen los resultados financieros esperados si los clientes no pueden acudir al punto de venta o los vendedores no pueden salir a promocionar las mercaderías o las unidades no pueden realizar el reparto o los proveedores no pueden surtir los inventarios con la misma regularidad.

También es importante analizar cómo impactan otras variables, como el tipo de cambio, en un negocio específico, ya que, por ejemplo, mientras una empresa maquiladora no necesariamente vería una modificación sustancial en los resultados, el efecto podría ser muy diferente en otros giros, dependiendo del nivel de apalancamiento que cada asegurado tenga, en su estructura de costos, en moneda extranjera. Así pues, una misma causal da lugar a secuelas completamente diferentes y el bróker de seguros debe estar al tanto de todas ellas.

Entonces, aunque por costumbre un asegurado proyecte, conforme a las finanzas del año precedente y de manera anual, los posibles escenarios para el cálculo de la suma asegurada de la siguiente anualidad, especialmente en las coberturas de pérdida consecuencial, en caso de que se presenten cambios macroeconómicos — como una variación acentuada de los nales y financieros atribuible, quizás, a la falta de combustible o a un tipo de cambio adverso—, debe ponerse de inmediato en contacto con el asegurador y solicitar los cambios necesarios en la suma asegurada para la cobertura afectada.

Se puede hacer un nuevo ajuste a los valores asegurables cuando las condiciones regresan a la normalidad o cambian aún más. Sería procedente notificar a la aseguradora tales variaciones si el diferencial es relevante, sobre todo si el cambio produjera infraseguro, y solicitar los cambios pertinentes: a la baja en el valor del seguro, para obtener la reducción correspondiente en la prima pagada, o a la alza, si se requiere, aunque se deba pagar más prima y la vigencia esté próxima a terminar. Es importante tener presente que, en el seguro de consecuencias, los efectos trascienden la anualidad de la cobertura, por lo que, de ocurrir un siniestro, en teoría deberían tomarse en cuenta los nuevos factores para determinar el monto indemnizable, ya que la suma asegurada debe reflejar precisamente resultados reales.

Claro está que, para el asegurado que no ha proyectado nunca los resultados o no suele hacerlo de manera regular porque, como muchos, no acostumbra efectuar una administración financiera del riesgo y el correspondiente traslado al asegurador, el resultado indemnizable es más azaroso, ya que es más complicado analizar las consecuencias si éstas no fueron bien consideradas o exceden los periodos asegurados.
Además, de acuerdo con la Ley de Murphy, hay que considerar el peor escenario posible, que el evento dañoso se produzca en el momento menos propicio, por ejemplo, cercano al término de la vigencia, cuando ya no existe la posibilidad de modificar la suma asegurada para que coincida con el cambio macroeconómico. De esta manera coexistirían el siniestro y el cambio en los esperados resultados financieros, a causa de una condición externa, y el ajuste sería más complejo por la participación de un ambiente externo que desviaría la determinación de los resultados indemnizables.

Considero que, ante la reciente escasez en el suministro de gasolina, cualquier asegurado que haya sufrido un siniestro grave necesita de un experto financiero para evitar inadecuadas interpretaciones en la aplicación de su seguro, especialmente en el de ganancias brutas. Por otra parte, les aconsejoa quienes  no experimentaron algún siniestro, por la situación planteada o por alguna otra, que verifiquen las proyecciones
a corto plazo y modifiquen las sumas aseguradas si fuera necesario.